lunes, 11 de junio de 2018

Mujer de huidas

Llegué, un poco sorprendido si.
Aunque lo sospeche por tu actitud al salir del cuarto.
Hay un poco de temor en tus palabras, abrirte un poco sentimentalmente,
eso lo comprendo.

Si  pronto, a partir de eso,
me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado.
Y piensa
que hoy, en este día,
a esta hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.

Pero si cada día,  cada hora sientes que a mí estás destinada  con dulzura implacable comprenderás la verdadera afirmación de la mujer que vuela y serás aquella mujer etérea, que por arrepentimiento hoy te evades.

Has abierto de nuevo mi búsqueda de una mujer etérea, una mujer que brinde mayores atractivos y placeres que una mujer terrestre. 

Es posible encontrarla, es posible hallarla, seguiré en mi búsqueda
porque no concibo
que se pueda hacer el amor más que volando,
entre los pechos como dos querubes, el rostro más feliz de su propia vida,
la mente más fuerte e independiente y las piernas prietas como columnas

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