Día 2 - Madrugada
Muchas preguntas le hice a Paul sobre la forma en que había conseguido ese apartamento, muy alarmado mi sentido ético porque ni siquiera en nuestros estados financieros de un año podríamos pagar el lugar completamente.
Tiempo después Paul se despidió, pienso que para evitar mayores explicaciones, o quizá sabiendo que en la soledad es cuando uno reflexiona sobre lo mísera o dichosa que es la vida hasta ese momento impertinente y que vendrá después. No me maté más con los pensamientos esa noche, sólo deambulé de un lado al otro por el apartamento vacío y salí para recepción del edificio, mientras caminaba pedía un taxi a través de mi celular.
Todo mi cuerpo se sintonizo hacia esa decisión, es mejor observar como se desarrollan los acontecimientos y en un caso posible que me afecté tener un plan para mi salida sin mancha. Sólo me preocupaba por mí, ¿por qué lo haría por mi buen amigo Paul?.
De el sabía que ya a estas alturas mi precio estaba más que negociado y echarme para trás es un lujo que suma riesgos en exceso: no conocía con exactitud a los administradores de la obra o que intereses pretendían cubrir con el apartamento que me regalaron. Con este bien podré tener el dinero suficiente para comenzar la maestría en Oxford. El agua estaba un poco más oscura pero su sabor seguía siendo el mismo.
En el apartamento sólo, sin nadie a quien consultar sobre el siguiente paso quizá porque de antemano ya sabía que haría alguien honesto y que no haría tal sujeto. El azar nos congela de decidir para no cargar con las consecuencias.